
Estoy en la frontera.
Hay en mí un metal líquido y humano
que comienza a solidificarse.
No soy la inteligencia de mi raza.
Apenas pretendo ser lo actuante.
Ya sé que soy hermoso
de más estuvo que me lo dijeras
en el velorio de mis primeros años,
¿ o fué en el festejo de mi última infancia ?
Estoy en la frontera de los rayos.
Esta vez nada vuelve a mí,
esta vez voy hacia lo que,
si logra ser perfecto,
sólo en mi regreso develará su nombre.
De nada ya estoy preso.
Estuve, y bien que lo recuerdo,
pero al tiempo le sobrevino el tiempo.
Cuando fue la tormenta
no le negué mis huesos,
por eso creo justo
que este sol aniquile
los hongos y el frío, las ganas y el hambre.
No soy lo consensuable de mi raza.
Apenas quiero el equilibro del pie en el alambre.
De ahora en adelante
trataré de perderme
en la huella infrecuente,
en mis nuevos hermanos,
en un buen par de piernas,
en los jugos que emanan
de los labios ardientes
- los de arriba y los de abajo -
labios bienllegados
si su conquista no cuesta más trabajo
que el del vino y la risa,
la palabra y el baile.
Hará bien un poco de distancia.
Las líneas del asfalto
dibujarán mi marcha.
Levitaré en mi moto
las alturas del aire.
Vallecitos y abras, puentes y montañas,
esquinas de ciudades violentas
y el desmadre de millones de lenguas
diciendo sus verdades.
Recién voy empezando.
Esto se pone bueno.
Estoy en la frontera de los rayos.
De una luz que galopa
está hecha mi raza.
Su sonido es el trueno
y ésta es su palabra.
